Laia Sanz ha afinado su preparación física como nunca, con extenuantes sesiones de esquí de montaña, gimnasio y bicicleta

En pocos días volverá a hacerse común la imagen de cientos de pilotos desafiando en soledad caminos y desiertos inhóspitos, como es tradición cada mes de enero desde que hace 40 años el rally Dakar cobró vida. Antes de que la altura y el calor extremo aparezcan, la mejor piloto española, Laia Sanz, ha estado afinando su preparación en condiciones igualmente intensas, aunque de apariencia distinta.

Durante las últimas semanas, la estampa blanca de los Pirineos ha servido como campo de entrenamiento de Laia Sanz, en intensas sesiones de esquí de montaña que, de paso, le han servido para recrear dos características básicas del Dakar: la importancia de la navegación, y la soledad. “Me hace desconectar y trabajas en altura, algo importante en el Dakar actual. Con el skimo trabajo la resistencia, las piernas, los brazos… es un buen complemento y algo que me viene bien para cambiar mi rutina de entrenamiento. En mi caso, cuanto más segura me sienta de mi preparación física, más preparada estoy mentalmente para el rally”, explica.

Lejos de la montaña, el otro lugar que más horas ha visto a Laia en las últimas semanas ha sido el gimnasio de la localidad en la que reside. “En el gimnasio, el objetivo es hacer sesiones de calidad. Eso significa que no tienen por qué ser muy largas, 60 o 70 minutos, pero sí muy intensas, con poca recuperación entre ejercicios y muy alta de pulsaciones”, explica. En esas sesiones trabaja todo el cuerpo: “La moto te exige mucho, así que no puedes centrarte en una única parte del cuerpo. Las piernas, porque te sientas y levantas mucho, los brazos, la espalda, la zona abdominal… todo es importante”.

En esa preparación, destaca un ejercicio al que la propia Laia ha puesto nombre: ‘El Espantapájaros’: “Lo practico desde el trial y consiste en realizar pequeños saltos mientras levantas una pesa al frente y arriba. Es un trabajo muy intenso y en el que involucras los brazos, la espalda, las piernas…”, señala. A las sesiones de esquí y gimnasio, Laia suma sesiones de bicicleta y, obviamente, entrenamiento en moto. “En moto suelo hacer dos tandas de una hora cada una, pero depende del lugar en el que nos encontremos y de lo exigente que sea el terreno”, analiza.Otro de los factores que puede marcar la diferencia durante los 15 días de rally es el de la alimentación, como comprobó Laia en su primera participación. “Perdí mucho peso, unos 6 ó 7 kgs porque me costaba mucho comer. Es difícil hacerlo cuando te levantas cada día a las 3 de la mañana. Sin embargo, ahora es algo que tengo muy en cuenta; me preparo bocadillos pequeños, barritas, frutos secos, fruta… Lo llevo todo en la chaqueta y voy comiéndolo durante el día: antes de la especial, en el repostaje…”, explica. Cualquier momento es bueno, considerando que durante una etapa los pilotos sólo reciben avituallamiento líquido y que ésta puede prolongarse durante más de ocho horas.

Una atención por los detalles con la que Laia quiere aspirar a los puestos altos de la clasificación. “El Top 15 es un objetivo realista, pero me siento preparada para estar un poco más adelante. En un rally tan largo, con más navegación que otros años y más auténtico, puede pasar de todo”.

Fuente: Red Bull Media House

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