Jaume Von Arend, piloto y aventurero especialista en el mundo de las Trail, ha emprendido su apasionante viaje acompañado de una Ducati Multiestrada 1200 Enduro Pro. En enduromagazine seguimos compartiendo su día a día relatado por él mismo.

DÍA 14:

Ya estoy en Olimpia, en cuanto pueda os explico la jornada de hoy que ha sido un poco rara. La parte turística va llegando a su fín.
Ayer pude cumplir un sueño que tenía desde que era un crio: visitar los monasterios de Meteora.

 

Hace años los ví en un libro que me regalaron. Esas construcciones allí colgadas me parecieron mágicas, así que cuando planee el viaje les quise dedicar un tiempo.

Actualmente creo que solo quedan 6 de las ventitantas que llegaron a haber.


Como mínimo quería visitar dos, uno pequeño y uno grande así que programé un recorrido a pie que me llevó toda la mañana.


Primero fui a uno muy pequeñito, el de Ipapantis. Como que a este no llega la carretera y era temprano no había nadie. Es precioso. Metido en un hueco de la roca, todo en miniatura. En él sólo podían vivir 6 monjes.


Está completamente restaurado como todos los que quedan en pie ya que durante la segunda guerra mundial la resistencia griega se refugiaba en ellos y las tropas alemanas los bombardearon. La iglesia con sus trabajadísimas pinturas ortodoxas se mantiene intacta desde su origen.


Desde allí seguí un sendero que pasa entre las colosales piedras y va subiendo hasta tener unas vistas increíbles. Todo muy tranquilo, la gente prefiere ir en coche hasta la puerta de los monasterios.


Llegué hasta el mayor de todos, el de Gran Meteoro. No tenía claro si lo iría a ver ya que lo imaginaba plagado de gente pero entré al ver que estaba muy tranquilo. Realmente interesante.


Pero lo que más me impresiona es verlos desde lo lejos.


Luego bajé por el antiguo sendero que usaban los monjes para llegar al pueblo, cogí la moto y me fuí a cambiarme al hotel.


Justo al salir empezó a llover. Mi idea era ir a comer a un punto alto desde el que hay una buena vista del conjunto pero con ese tiempo preferí hacer camino hacia Delfos, mi siguiente para a unas tres horas.


En algún momento llovió realmente fuerte pero cuando paraba la carretera era preciosa.


Realmente parece que los ingenieros que hacen las carreteras griegas sean motoristas. Son perfectas para ir en moto con curvas bien peraltadas, redondas… Además los radares están muy señalizados y hay muy poco tráfico. Un paraíso para ir en moto.


Llegué a Delfos al caer la tarde. Dí una vuelta por el pueblo que me pareció muy turístico y poco interesante a no ser por su ubicación privilegiada con unas vistas fantásticas.


Tras una cena típicamente griega (tzatziki y musaka) me fuí a dormir temprano que ya se nota el cansancio.

Fuente y fotos: Jaume Von Arend

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