Jaume Von Arend, piloto y aventurero especialista en el mundo de las Trail, ha emprendido su apasionante viaje acompañado de una Ducati Multiestrada 1200 Enduro Pro. En enduromagazine seguimos compartiendo su día a día relatado por él mismo

DÍA 7:

Día para guardar en la memoria aunque será difícil retener tantísimos detalles.

 

Me levanté temprano para visitar Sarajevo. Una maravilla de ciudad para quedarse días. Me encanta la mezcla de culturas que se vé allí y que la hace tan diferente a lo que estoy acostumbrado.

 

De nuevo quedé impresionado por las marcas de la guerra, pocos edificios han quedado sin impactos de proyectiles. Por mucho que nos lo cuenten nunca podremos imaginar lo que vivieron allí.

Luego salí hacia Montenegro. La carretera hasta la frontera parece estar hecha para castigar a los que quieran salir de Bosnia-Hercegovina: estrecha, con curvas, agujeros enormes, barro y obras, pero no ví a nadie trabajar en ellas.

 

El puente que cruza el río que separa a los dos países es de madera pero cuando entras en Montenegro todo mejora.

 

A partir de ese momento la carretera es maravillosa. Las vistas quitan la respiración y se suceden túneles (tenebrosos eso sí) con puentes imposibles.

 

De repente mi ruta salia de la carretera principal metiéndose direcramente en un túnel. Subida de vértigo, casi en espiral, de lo más bestia que he visto. Estrecha y sin tránsito subiendo sin parar y con vistas estremecedoras. Allí me empezó a llover como cada día pero esta vez fue corto.

Al cabo de muchos kilómetros me quedé helado, la carretera estaba cortada. Preguntando a los lugareños de un pequeño pueblo en lo alto de las montañas me dijeron que era por culpa de la nieve pero que tenia otra opción. Lo miré en el gps. Según el Zumo con el city navigator no había carretera pero en el Montana con el topo sí que se veía camino. Empezaba a ser tarde y quedaba bastante pero me la jugué, pocas cosas odio tanto como desandar lo andado. Acerté. Esa carreterita estrecha y sin nadie es la más bonita que he hecho nunca con unas vistas fuera de lo normal, aunque ese toque de incerteza y aventura seguro que influyó en agudizar los sentidos.

 

Y ahora a visitar Durmitor.

Fuente y fotos: Jaume Von Arend

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